PRIMER DIA EN LA ISLA. HOTEL EL CORSARIO.

El Ferry de la Transmediterránea llegó a la isla puntualmente a las nueve de la mañana, y, aunque ya estaba muy avanzado el mes de noviembre, el día era soleado e incluso caluroso.

Desde el barco, incluso a lo lejos, se podía apreciar lo imponente del castillo, hay que ver qué buenos ingenieros militares italianos tuvo Felipe II, este tipo de fortalezas impresionantes te las puedes encontrar en cuatro de los cinco continentes, quizás por ello, cuantas veces traspasé su entrada principal me venían a la cabeza aquellos versos de Quevedo:

“…Miré los muros de la patria mía, si un tiempo fuertes ya desmoronados, de la carrera de la edad cansados por quien caduca ya su valentía… “

Tal era la impresión que  suscitaba en mí el estado general entonces de la impresionante fortaleza, muy mejorada su conservación actualmente de unos años para acá.

Desde la cubierta del barco se divisaba perfectamente la silueta de Dalt Vila, de un blanco deslumbrante, daba la extraña sensación de estar en un país moruno, destacando con grades letras el hotel “El Corsario” , lugar con precios nos aptos para todos los públicos.

La mayoría de  compañeros habían llegado el día anterior y habían pasado la noche en una pensión, por eso se les podía ver paseando aún en ropa de paisano. Calculo que en total debíamos de ser unos doscientos que luego seríamos repartidos en las distintas compañías, entre nosotros nos  fuimos juntando en grupos para buscar un sitio donde comer y cuando se fue aproximando la hora de las 6 de la tarde, buscando un taxi que nos acercase hasta Sa Coma.

En nuestras caras era visible cierta inquietud,  sobre lo que podía o no podía esperarnos,  en el CIR todos éramos iguales, en el Regimiento durante los próximos tres meses sólo seríamos “los machacas”.

Sa Coma era y sigue siendo el nombre de la finca en la que se asentaba el acuartelamiento, a unos 3 kilómetros de la ciudad en el lado izquierdo de la carretera a San Antonio, unas instalaciones modernas inauguradas en 1975, anteriormente las tropas se habían alojado en los barracones de Blanca Dona, en el lado derecho de la misma carretera, y anteriormente durante dos mil años e incluso desde antes de los romanos, dentro del Castillo, en la zona más alta cuyas instalaciones recientemente  han sido inauguradas como Parador Nacional, con precios de noche de hotel también de infarto.

El acuartelamiento tenía como unidad principal el Regimiento de Infantería Teruel nº 48, de un solo batallón, de unos 600 soldados, junto con una batería del GACA de Palma, la unidad de automóviles, y otras unidades menores como transmisiones.

Fuera de las alambradas del acuartelamiento pero pegado a ellas dirección campo de tiro estaba el polvorín con todo su sistema de seguridad independiente.

Fuera en la misma dirección, servido por sus correspondientes destinos, también estaban las instalaciones de la granja: algunas vacas de carne, unas cuantas ovejas y algo de ganado porcino, recuerdos de otra época en la que en tiempos de paz los regimientos procuraban ser suficientes en cuando su propia alimentación.

En el lado contrario por la salida del torrente y muy cercano a la carretera de San Antonio estaban las cuadras con cuarto o cinco mulas servidas por varios acemileros que conducían el carro de la recogida de los bidones de basura del acuartelamiento. El trabajo de acemilero, al igual que los destinados en la granja, no podía ser realizado por cualquiera, sino por por gente, normalmente de campo, habituadas a tratar con el ganando.

El paso por la hondonada del torrente al trote con el carro era muy acojonante para aquellos que en algún momento nos tocó ese servicio de limpieza, la sensación de que de un bote te podías caer del carro o de que el carro volcaba en la bajada y subida el torrente era intensísima.

La isla tenía otras instaciones militares, como la panificadora en pleno centro de la ciudad, la USTyM (Mecánicos) y la Residencia con la Comandancia Militar, en la zona de los Molinos, aparte de todo ello estaba también un enorme polvorín horadado en la montaña de Santa Gertrudis, no olvidemos que históricamente en casos de conflicto Ibiza y Formentera han estado y siguen estando en primera línea de fuego con el Magreb, constituyendo el eje sur de defensa Baleares, Estrecho, Canarias

Llegados los nuevos soldados al cuerpo de guardia, nos decían en ese momento a qué compañía íbamos destinados y un veterano amablemente, uno por uno,  cargaba con nuestro petate y nos acompañaba hasta la cía, donde previo paso por la furrielería se nos proporcionaba el correspondiente juego de sábanas y mantas así como el escudo de la división pasa coserlo en la parte alta de la manga del traje de paseo y una pequeñas cintas de colores para llevarla en la solapa da las hombreras, en mi caso de color amarillo, el mismo color del  banderín de mi cía.

Nada superfluo hay en esos y otros detalles que permiten con un sólo vistazo conocen la unidad y graduación o simplemente servicio prestado en ese momento por el superior o igual con el que te cruzas.

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