LA COMIDA EN EL CIR 14.

TRAS EL CALIBRADO DE RESISTENCIA, EL FILETE DE BALLENA.

A mediados del mes de octubre en Palma, aunque ya empiezan las lluvias, el clima suele ser caluroso aún. Los primeros días en el CIR 14 trascurrieron, tras el reparto de la vestimenta y la asignación de compañías, ocho compañías en dos batallones, pasábamos a la vacunación y ya vacunados contra todo lo habido y por haber, ahora empezaba la instrucción en serio, pero primero había que calibrar el nivel de resistencia de los futuros soldados.

En primer lugar, en lo que allí se llamaba ropa de deporte, los doscientos reclutas de nuestra compañía, la “séptima y toma ya”  fuimos subidos hasta una de las varias zonas de instrucción, marcada con un pequeño bordillo que formaba un círculo perfecto.   Acto seguido  apareció una ambulancia con un grupo de sanitarios y al momento los doscientos muchachos empezamos a correr “al trote” dando vueltas dentro círculo y  como habíamos entrado al mismo en formación de a tres, los más altos iban delante y los demás detrás, formados según estaturas.

A las primeras vueltas  algunos ya empezaban a notar los efectos del sol mallorquín de octubre junto con el  exceso de tocino en el cuerpo, pero la formación de no se rompía, las vueltas seguían y seguían mientras un oficial, un teniente ayudado por varios auxiliares, las iba contando.

No recuerdo cuantas vueltas llevábamos ya cuando a plomo cayó el primero de lo desmayados, que fue rápidamente retirado por los sanitarios sin que la carrera al trote en ningún momento quedase interrumpida.

Tras  el primero cayó un segundo y tras éste un tercero y  a partir de aquí todo no fue sino un rosario de desmayos.

Yo , con mis 60 kilos de peso en aquella época, pensaba para mi: Si estos chicos que parecen tan fuertes han caído desmayados, yo caigo sin duda, a pesar que durante todo el año anterior solía correr campo a través unos cinco kilómetros diarios, este entrenamiento de correr campo a través cinco kilómetros diarios  creo que me salvó, porque las vueltas al trote siguieron hasta que de los doscientos sólo quedábamos en pie media docena.

Bien hecho muchachos dijo el oficial.

En ese momento pensé si el haber llegado al final del trote era bueno o era malo,  porque en el ejército, como en tantos otros sitios, las tareas más difíciles siempre son encargadas a  personas de las que hay seguridad de su cumplimiento, los tontos y los inútiles tienen la suerte de que como nadie espera nada de ellos difícilmente pueden equivocarse.

Tras el esfuerzo, ese día los rancheros se habían esmerado, al comedor se entraba en perfecta formación y orden compañía tras compañía  sin sentarse, sonaba un redoble de tambor y todos firmes hasta que nuevamente el  comandante daba orden al tambor de tocar punto, todos sentados y a comer que ese día como en tantos otros tendríamos como exquisito segundo plato filete de ballena, una maravilla perfectamente rectangular, cuyas medidas aproximadas en centímetros eran 15 de largo x 10 de lado y 1 de profundidad, una exquisited aceitosa con mucha salsa, suerte  que pan teníamos en abundancia y con él dábamos buena cuenta de la salsa, porque para la ballena realmente no teníamos los dientes lo suficientemente duros.

El tiempo de comida estaba tasado, un nuevo redoble de tambor y todos nuevamente en pie firmes, así que nada de charlas innecesarias, el tiempo de comida era sólo para eso, para comer.

Otro segundo plato que se repetía mucho era la “kabronada de ternera”, éste era más comestible y también la abundancia de salsa y pan ayudaba mucho.

En unos de esos días me tocó junto otros compañeros servicio en limpieza en las cámaras frigoríficas y allí estaban colgadas cortadas en canal decenas de vacas argentinas con el marchamo fechado en los años 50, allí estaba lo que quedaba de la ayuda de Perón tras el bloqueo a España por parte de los aliados de la IIªGM.

¡¡¡ Cielos, estamos comiendo cadáveres !!!

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